Al menos una vez al
mes me obligo a visitar este sitio. Veo las estadísticas y me digo que qué mierdas,
que aún vale la pena. El problema, si es que se le puede llamar así al asunto,
es que cada vez me apetece menos escribir sobre mí mismo o sobre mi
visión tan poco particular de ver ciertas cosas. Me apetecen otras –cosas– en
este momento, no muy alejadas, pero otras al fin y al cabo.
Y entonces va Patricia Arquette y lanza un discurso en la ceremonia de los Oscarsitos (así
llamados en honor al director ganador, Alejandro González Iñárritu), que versa
bien preparado y con sobreactuado nervio sobre la igualdad entre hombres y
mujeres. Y yo eso lo aplaudo desde mi casa viendo que en efecto queda mucho por
recorrer. Y ustedes también deberían. Pero no estas dos de abajo, no:
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Meryl Streep ganó
la estatuilla por última vez en 2012 y en su discurso se acordó de la amistad,
y lloró mucho, y sollozó acerca de lo bonito que es tener amigos. Es precioso
Meryl, a mí también me gusta mucho eso de tener amigos, permíteme que te youyee
por una vez: you’re kind of special. De
hecho, repitió el número en dos ocasiones anteriores, 1983 y 1979, pues su
nariz y su llanto son muy del gusto de los académicos. Quién tuviera esa nariz,
para guardar unos cuantos Oscarsitos dentro. A mí esta mujer y sus 101 dálmatas
me la traían al pairo y seguirán en ello espero muchos años. No, ella no se acordó de los derechos de las
mujeres en sus TRES discursos anteriores. Jennifer López no ha ganado ningún
Oscarsito, of course, y muy hipócrita por su parte es hablar de igualdad doblando
el culo de la media del resto de la populación mundial, y es con ese trasero
con el que se despierta y activa el muelle al ver aplaudir a la de al lado,
diciéndose que joder, que algo muy interesante tenían que haber dicho para que
Meryl Streep se ponga a celebrar un gol. Sí, me parece loable que Patricia
Arquette utilice la tarima para proclamar algo tan necesario como la igualdad
de derechos entre los hombres y las mujeres, y más si cabe desde su posición,
tan desequilibrada respecto a la de tantas otras, lo que le confiere más
mérito. Las otras dos me han producido arcadas.
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| Para que luego digan de la policía |
Querría
haber escrito hoy sobre el gesto del ganador de Pasapalabra, ese inspector
pecador que se ha embolsado 354.000 eurapios y que anuncia que va a dar un gran
pedazo a una ONG. Sin embargo se me ha hecho tarde y al final no voy a hacer
nada de lo quería hacer esta tarde, y si continúo con esto, todavía menos. Pero
lo dicho, aprendamos de Luis Esteban y aprendamos de Patricia Arquette. Por
igual, claro está.
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