Llevo despierto desde las 6:45 y a la hora presente, las 13:30, trato de mantener
las pestañas bien pegadas a los párpados. Me Duermo en el despacho. Siempre es así tras el
regreso de vacaciones.
Me pregunto por qué harán estas sillas tan jodidamente cómodas.
A través de la ventana los nubarrones acechan y explican con meridiana
claridad que éste ha sido sin duda el día idóneo para regresar. Los torrentes
pasajeros no dan más opciones que la presente, levantarse y trabajar, o
quedarse en la cama bajo las sábanas y ver películas de MegRayan. Filmes entrañables,
finales lacrimógenos. Cintas de mierda. Claro, Meg, quién te ha visto y quién
te ve, seguro que no tienes ningún retrato envejeciendo en el armario, tú ya lo
haces por los dos. No dan ganas ni de darte la hora.
Dicho sea de paso, no quisiera dejar escapar la ocasión de confesar que el pasado fin de semana vi
esa película tan adorable protagonizada por la previamente mencionada y Billy
Crystal, “Cuando Harry encontró a Sally”. Al principio cuesta creer que dos
personas van a pasarse 15 años hablando sobre lo difícil que es entablar una
amistad entre niños y niñas sin que les dé por jugar a los médicos, después se
hace más difícil todavía tragarse que ambos personajes son coetáneos (ver la
hermosa y nada desdeñable foto IMDB aquí abajo) y, para acabar, respecto a la famosa escena en
la que plastic woman finge un orgasmo en la cafetería para demostrar que las
mujeres fingen sin que el machote se dé cuenta, debo decir, que se nota a años
luz que SÍ que lo está fingiendo. Joder.
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Cuando Harry le prestó el bisturí a Sally
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En fin, el verano ya llegó y el verano ya acabó. Vuelta al trabajo, vuelta
a los viajes en tren, vuelta a la lectura, al poliglotismo sin saber qué cojones digo, a las reuniones, al
inventario y a las series en amoureux; vuelta a esta no poco feliz rutina, tras unas
vacaciones estupendas, de familia, amigos y amor. Días sencillos, momentos fáciles,
fugaces. Lo escribió Oscar Wilde: estos placeres sencillos, último refugio de
lo complejo.
Besitos a todos, corazones.
