mardi 6 août 2013

Cosquilleo preliminar

Hace ya unos ocho meses que aterricé en París, todo va muy bien. Mi intención primera no fue en ningún caso afrancesarme, pero supongo que ciertas intenciones se quedan simplemente eso. Aún no me he censado, todavía no soy residente. Sin embargo ya cotizo en ¡la République! 

Me he escuchado diciendo voilà y ohlala en más de una ocasión y nada hace pensar que esto quede fuera de lugar. En realidad esto no es un blog, simplemente es una vía de comunicación unidireccional; supongo y sé que, aunque no muy habitualmente, hay quien se pregunta qué tal irá esto, si realmente les apetece saberlo aquí me tienen. 

Vivimos en el barrio XIV, en uno de esos apartamentos que en los anuncios se definen como acogedores. 37m2.A 100 metros se encuentra la Villa d’Alésia. 

En París existen miles de rincones perdidos, particularmente únicos, en los que extraviarse sin importar una puta mierda lo demás. Pese a todo, y pese a haberme dicho y jurado que no escribiría nada de los peligros que nos asedian en mi primera entrega, me es difícil no preocupar a la fauna y flora de mi vida. No lo voy a hacer. Los Cassos no tendrán cabida en el primer texto. Ni ellos ni sus espadas afiladas y bañadas en sangre francesa. Son incluso capaces de blandirlas en los supermercados. En fin, hoy no. Me lo había jurado y debo respetar mi palabra de macho español. 
Nuestra habitación da a la calle, una callecita muy tranquila, une toute petite rue, en la que no se escucha absolutamente nada hasta las 6 de la mañana. He pensado cien veces en bajar a la calle a las 6 de la mañana y hacer de este mundo un lugar mejor. Me he imaginado en un millar de ocasiones impartiendo justicia y silenciando los gritos del horror. 
Está bien. Soy un macho español. No debo seguir. 

Pero seguiré. Pues París es obviamente como se describiría en una película de producción americana y dirección francesa: si su ritmo te permite pararte y quedarte absorto a admirar cada uno de sus múltiples rincones, te adentras en una escena de miradas cubiertas por sombreros prerrevolucionarios y múltiples acentos. Cada uno de esos rincones es un centro mismo desperdigado de París  Como en esas películas en las que sientes envidia, porque si te detienes un solo momento y te abstraes de la muchedumbre, es pura magnificencia en cámara lenta y muchedumbre silenciada. 

Y me apetece contártelo, si has llegado hasta aquí es que te interesa.

Aucun commentaire:

Enregistrer un commentaire