lundi 12 mai 2014

Du boulot et des lectures

Se me había olvidado cómo se llamaba mi bloggin'. Me ha costado un cojón encontrarme.

Hoy ya he trabajado bastante. Para llegar a esa conclusión necesito, por regla general, contar los mails de índole profesional que he escrito durante el día. Normalmente considero que he trabajado bastante si he escrito más de 30 correos electrónicos martes, miércoles y jueves, o más de 20 lunes y viernes. De hecho, podríamos establecer la fórmula de medida de la productividad del trabajo proyectado en términos de mails / día, cuyo resultado sería ponderable en función del número de veces en que el superior jerárquico del sujeto aparece en copia, atenuándolo en base al número correos que han ido dirigidos directamente a este. Toma genoma pastillas de goma.

Además estoy cansado, este fin de semana ha sido tan intenso como digno de recuerdo, de principio a fin. Y hoy, tras todo, pienso en los libros, sobre todo en los libros que no he leído ni escrito, que son infinitos los primeros y muy pocos los segundos.
Leer precisa de un ejercicio de concentración que alcanzo en determinadas fases de mi vida, y escribir requiere un humor que no se halla en sintonía con la concentración que requiero para ello. Para escribir medianamente bien. No sé conjugar la constancia con la creatividad. Sin embargo, pienso en las historias dejadas atrás y sobre todo en lo que me espera por delante, y vislumbro un horizonte enorme.  Además, es algo estúpido, pero he realizado el ejercicio de contar cuántas páginas a la semana completaría con las patochadas que escribo en los mails enviados durante ese lapso de tiempo.

A la semana escribo 15 páginas, obviando los Bonjours y la formulas de educación obligatorias en los mails escritos en francés. En 10 semanas escribiría las 150 páginas suficientes para escribir una novela corta. Quizás iría bien para aquella historia sobre aliens débiles mentales que invaden la Tierra que ideamos al lado del Parc de la Villette. 10 semanas es una minucia temporal, menos que una minucia. Es una mierducia.

Y es que otros saben de lo que hablo.

Hasta este punto he llegado yo en lo que a escribir una novela se refiere.


Hoy ya he escrito los 20 veinte mails que me eximen de cualquier culpabilidad, los veinte mails capaces de silenciar  esa voz subconsciente que hace que me repita una y otra vez que rascarse los huevos a tal escala no está bien, no está bien, no está bien.  Además, es lunes, uno que precede  dos días que han dado de sí más de lo que a priori podía esperar, y quizás por eso estoy tan soberanamente cansado, tanto que no llego a establecer parangón alguno, y no sé si por falta de creatividad o de concentración.


Así que aquí me planto.