Venía en el coche al trabajo escuchando Fauve, tratando solo
de oírlo, pues la letra no es muy halagüeña. No me apetece demasiado, la
verdad, pero me va el ritmillo de su estribillo, que dice que sobre la música vamos
y venimos, y creo que hay mucho de cierto en eso. Incluso para los amantes del reggaetón
hay un vasto lugar en la sociedad. Luego llego al trabajo, entro en mi despacho,
acciono el aire acondicionado ante el calor de justicia que viene arreciando y me
pongo a trabajar... Aunque primero me conecto a la página de El País, a ver cómo
dicen que va el susodicho. Es una visión desde el prisma de izquierdas por el
que enfoca a menudo el Grupo Prisa, pero que a su vez hace tiempo que se me
antoja como el menos parcial de los prismas a través de los que observar.
Y otra vez estamos con el puto debate sobre el derecho a
decidir. Ahora sobre la independencia de Cataluña. Yo por principio, planteado de esa forma, como
“derecho a decidir”, estoy tremendamente a favor. Pero esto no va de derechos.
Hace unos días me enviaron el editorial enque el director de la
Ventana de la Cadena Ser (también Prisa), Carlos Francino, se despachó y declaró sentirse harto y cabreado por lo que estaba pasando,
y esto lo pueden leer o escuchar íntegramente clicando
en este link. De alguna forma me hace pensar que estamos ante algo
sumamente complejo, lleno de sentimentalismos, emociones y política; la mezcla de estos ingredientes es no menos que peligrosa. Pero lo entiendo,
entiendo lo que dicen todos –menos al Presidente del Gobierno, pero esto ya es
un tema primero de vocalización y segundo de inapetencia. A decir verdad, tampoco
entiendo lo que dice Iglesias, pero creo que él tampoco se entiende a sí mismo, así que
no me parece grave. Sin embargo, lo que dijo Francino hizo que yo me planteara mi posición, o más bien que comenzase a buscarla.
Mi experiencia, muy resumida y de forma sencilla, desganada y bruta, explica
mi actual situación y sentir. Mi familia tiene sus raíces en un pueblecito muy bonito y
muy blanco de Málaga, Campillos, y desde muy pequeñito y hasta bien entrada la
adolescencia íbamos todos los años, fuera por semana santa, verano o los dos.
Allí llegaba y no tardaba en sentirme machacado por los apelativos
tradicionales, que si polaco, que si catalán (con la última á muy larga, cataláááááááán),
aparte de la imitación constante del acento... dicha imitación procedente de
andaluces es para cagarse. Eso sí, luego el apelativo se deja de lado y prima la
diversión, que es lo que se debe perseguir. Tras las vacaciones en el pueblo
volvía al colegio con mis amigos, en Barcelona, e irremediablemente, se me
contagiaba algo del acento andaluz. Y ya estábamos de vueltas con los
apelativos, que si español, que si charnego. No éramos mucho mejores, de eso me
di cuenta bien pronto.
Esto que sucede entre España y Cataluña no es un problema
meramente político o de patriotismos, sino de desgaste y maltrato entre dos partes de una relación
en la que hace mucho que no hay ya no digo amor, sino el más mínimo atisbo de
respeto ni diálogo. Lo que yo siento es que Cataluña está solicitando el
divorcio y España no se lo quiere dar, por miedo a quedarse sin coche, ni casa,
ni hijastro y con lo puesto. Uno quiere gananciales, y el otro separación de
bienes. Yo votaría por que España se independice de Cataluña y aprenda a vivir
sin ella, no sin el temor seguro de que a Cataluña no le va a resultar tan fácil
como la ola de euforia y la gran V hacen pensar. En estos casos, en lo que hay
que detenerse es ante todo en el futuro de los hijos, y esos son los
ciudadanos, entre los que se encuentran mis amigos y mi familia. Cuidado pues,
que ahí nos va a doler a todos.
Aunque al fin y al cabo, alguno dirá que quién seré yo
para opinar, que emigré y no participé de debate alguno. Simple: un español, un
charnego, un cataláááááááán, un polaco.
Ah, y ahora también un gabacho.
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