vendredi 25 septembre 2015

Mi Manifiesto Independentista

Yo el día que me decidí a venir a vivir a París cambié cualquier color de bandera por unos calzones blancos, con un corazoncito en la parte frontal. Creo por tanto conservar una mirada equidistante y comprender ambas posiciones, pues sólo hay dos posibles, aunque se disfracen con las caretas de Mas, Rajoy, Iglesias, Riberita, o la madre que los parió a todos juntos. El problema entonces para mí no es el qué (resultado), sino el cómo. Yo respeto profundamente a aquel catalán que no se siente español, y lo comprendo, por mis cojones que he terminado por comprenderlo, así como comprendo a aquellos que viviendo en Cataluña no quieren renunciar a su condición de español. Hasta aquí todo es puro perogrullo, demagogia de todo a un €, pero joder, es que no puedo más  que cagarme en la puta a troche y moche, porque nadie me contesta con certeza algunas cuestiones fundamentales:
       ¿Cataluña formará parte de la Unión Europea si se independiza? ¿Y los catalanes?
        ¿Cómo se establece la transición durante el proceso de escisión?
    ¿Quousque tandem abutere catalonia patientia nostra?
        ¿A los peces les entra agua en los ojos?

Y todas las demás preguntas para las que Mas, en menor medida, y Rajoy, sufriendo uno de los mayores ridículos –que ya es decir– jamás radiados durante su entrevista con Alsina, no dan ninguna respuesta oficial soportada por la comunidad internacional. En serio que me da por culo hasta las amígdalas esta situación de incertidumbre, porque nadie sabe a lo que atenerse el 28 de septiembre. Naide.

Ergo
Si gana el sí, y se inicia un proceso hacia la independencia, si nos mudamos, que no nos carguemos muchos muebles en el trayecto, que se pueda dormir tranquilo y que las rendijas de la esperanza no se cierren (vaya tontería acabo de escribir). No es tiempo de revoluciones ni de guillotinas.
Si gana el NORL, lo mismo, que no vengan a rompernos la casa a los catalanes, que últimamente nos la venían dejando unos zorros.
Miren, aquí en Francia ya se dan algunas cosas por hechas:



Me gustaría, en encantaría, me chiflaría decir que al fin y al cabo el resultado me la suda. La papeleta para votar por correo me llegó en agosto, estando yo de vacaciones, con lo cual me quedé sin tiempo. Casi que me quitan un peso de encima, votara lo que votara me socavaría la cierta sensación de estar traicionando a la mitad de la gente que me importa. No creo que haya ninguna mayoría silenciosa ni, por ende, una minoría ruidosa, como algunos (ver encuestas de La Razón) quieren hacernos ver. Yo no tengo voz, pero tengo derecho a pensar, y todo se resume con que espero que se respete al derrotado. Porque esta vez, a diferencia de lo que ocurre en todas las elecciones habidas y por haber, no podrán ganar todos.
Sus quiere,
Marius / Mario


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