Yo el día que me
decidí a venir a vivir a París cambié cualquier color de bandera por unos
calzones blancos, con un corazoncito en la parte frontal. Creo por tanto conservar
una mirada equidistante y comprender ambas posiciones, pues sólo hay dos
posibles, aunque se disfracen con las caretas de Mas, Rajoy, Iglesias, Riberita,
o la madre que los parió a todos juntos. El problema entonces para mí no es el
qué (resultado), sino el cómo. Yo respeto profundamente a aquel catalán que no
se siente español, y lo comprendo, por mis cojones que he terminado por comprenderlo,
así como comprendo a aquellos que viviendo en Cataluña no quieren renunciar a su
condición de español. Hasta aquí todo es puro perogrullo, demagogia de todo a
un €, pero joder, es que no puedo más que cagarme en la puta a troche y moche,
porque nadie me contesta con certeza algunas cuestiones fundamentales:
¿Cataluña
formará parte de la Unión Europea si se independiza? ¿Y los catalanes?
¿Cómo
se establece la transición durante el proceso de escisión?
c ¿Quousque
tandem abutere catalonia patientia nostra?
¿A
los peces les entra agua en los ojos?
Y todas las demás
preguntas para las que Mas, en menor medida, y Rajoy, sufriendo uno de los
mayores ridículos –que ya es decir– jamás radiados durante su entrevista con
Alsina, no dan ninguna respuesta oficial soportada por la comunidad internacional.
En serio que me da por culo hasta las amígdalas esta situación de
incertidumbre, porque nadie sabe a lo que atenerse el 28 de septiembre. Naide.
Ergo
Si gana el sí, y
se inicia un proceso hacia la independencia, si nos mudamos, que no nos
carguemos muchos muebles en el trayecto, que se pueda dormir tranquilo y que
las rendijas de la esperanza no se cierren (vaya tontería acabo de escribir).
No es tiempo de revoluciones ni de guillotinas.
Si gana el NORL,
lo mismo, que no vengan a rompernos la casa a los catalanes, que últimamente
nos la venían dejando unos zorros.
Miren, aquí en
Francia ya se dan algunas cosas por hechas:
Me gustaría, en
encantaría, me chiflaría decir que al fin y al cabo el resultado me la suda. La
papeleta para votar por correo me llegó en agosto, estando yo de vacaciones,
con lo cual me quedé sin tiempo. Casi que me quitan un peso de encima, votara
lo que votara me socavaría la cierta sensación de estar traicionando a la mitad
de la gente que me importa. No creo que haya ninguna mayoría silenciosa ni, por
ende, una minoría ruidosa, como algunos (ver encuestas de La Razón) quieren
hacernos ver. Yo no tengo voz, pero tengo derecho a pensar, y todo se resume
con que espero que se respete al derrotado. Porque esta vez, a diferencia de lo
que ocurre en todas las elecciones habidas y por haber, no podrán ganar todos.
Sus quiere,
Marius / Mario

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