Llevo
todo este tiempo sin escribir porque no me ocurre una puta mierda; apenas me
acuerdo. Además, tengo la impresión de que inicio un huevo de entradas excusándome
por el tiempo que llevo sin escribir, como si importara algo o alguien
estuviera ansioso por una siguiente entrega.
Y no.
Pero al fin y al cabo a mí tampoco (iconito y guiño).
Así que
escribo tan solo por apetencia, por decirles a los 30 lectores habituales que
son excelsamente bellos y que aquí hace un frío tremebundo, que por fin llegó
el invierno, que vaya mierda y que hace un mes –a 12 grados, cielos despejados–
se estaba bastante mejor.
La
semana pasada regresé a España… bueno, A Catalunya. A Barcelona. Bueno, ahí, ya
se entiende. Celebramos la navidad en 16 de enero. Con dos cojones, por qué
no? En marzo celebraremos el armisticio y en julio las duchas de Todos los
Santos. Que cualquier excusa sea aprovechada para una escapada. No fue una visita
completa, nos faltó recorrido. Desgraciadamente, ninguna lo es. Nunca te da
tiempo de ver a todo el mundo que te apetecería, la agenda se aprieta antes de
poder escribir nada en ella. Las decisiones vienen dadas. Bueno, no todas. Acabar
en el Undeath – Aguacates, a estas alturas, no algo que se pueda ni deba
programar anticipadamente. Y sin embargo ahí acabamos, con Raamstein y 13
góticos merodeando muy seriecicos alrededor –no sé por qué, pero siempre que en
mi imaginación hablan un emo o un gótico, les pongo un acento maño muy sentido
y educado-, y nosotros en medio de todo con camisitas antitodo: antiglamour,
antiemo, antidark, antimetal.
![]() |
| Bostezando con el Metal |
Aaah, lo
pasamos teta, todo el fin de semana, aunque la resaca a posteriori sea proporcional
al bebercio consumido, se soporta bien cuando es buenrollera. En fin, solo fueron tres días.
Y aquí
estamos, de vuelta en nuestro pisito recogido de Maisons Alfort, frente a la
Escuela de Veterinaria. Da gusto haber salido de París, huir del stress, de la cautividad
producida por esos espacios tan diminutos para todo y para nada. Joder, ya no
nos tenemos que meter en la cama dando un salto desde el sofá del salón. Ahora
tenemos un paseo. Uno amplio y cálido.
Y París
para los fines de semana. No hay ciudad mejor para ello.
