mercredi 22 janvier 2014

La course du poulet frit

1 alita de pollo frito = 1 kilometro corriendo

Fue en 2010 cuando leí el libro Correr, de Jean Echenoz, que narra la vida del fondista Emil Zatopek, atada, en todo el sentido de la palabra, al régimen comunista. Por algún motivo aquel libro me gustó, me pareció una delicia en realidad, tanto por la narración como por lo narrado. Y es extraño porque no es definible como libro fácil de leer, no se apoya en el diálogo para aportar fluidez y aporta numerosos hechos históricos. ¿Qué más da? Lo que realmente importa y tiene relevancia en este sentido es que hoy he comido en el Kentucky Fried Chiken.

Un alita de pollo en el KFC tiene un contenido energético de 90 calorías. Para quemarla hay que correr un kilometro. HOY ME HE COMIDO 9. Y con patatas.
No hay problema. Porque 4 años después de leer acerca de las corredurías el bueno de Zatopek, fondista que acabó de barrendero tras ser apartado y hasta que pidió perdón al régimen -yo también sigo uno ahora, que hoy me he saltado a la torera-, también me he puesto a correr como un descosido. De hecho, este mes de enero he corrido el equivalente de 47 alitas de pollo fritas, y dado que sólo he comido 9 en lo que llevamos de mes, eso explica los 2 kilos perdidos en 21 días. Pero esta mañana he recibido un mail de runkeeper, una aplicación móvil que sigue los entrenamientos en GPS que me instalé para hacer el panoplias y que he terminado utilizando a diario. Y para terminar de motivarme, mi novia me ha comprado un Polar para controlar las pulsaciones. Lo dicho pues, el mail recibido decía:
素晴らしい進歩です
Well done! You've achieved 25% of your goal to run a total of 200km! Great start, keep the momentum rolling!

Y eso, que hijo de puta lo será su puta madre, pero gracias por la felicitación.
Corro por eso que dicen de que hacer ejercicio aporta bienestar, y con eso me basta, a estas alturas es todo lo que importa, es lo que persigo. Y es bien cierto, tengo demasiadas cosas guays como para no cuidarlas. Corro porque me pirraron las historias de Emil Zatopek y su zancada atípica, casi torpe, y ahí estamos igual. Salgo a correr por el parque de Versalles, por los jardines de Montsouris y Luxembourg, y a cada vez que los recorro me parecen más apacibles, sin necesariamente serlo.

Yo, en abril de 2014
Es en 2014 cuanto termino el libro “el misterio de la cripta embrujada”, de Eduardo Mendoza, en el que un loco es soltado del manicomio para llevar a cabo una estupendísima investigación.  No sucederá con este libro en 2018 lo mismo que con aquel de 2010, pero me da que este año va a tener un recorrido paralelo, aunque a 1 000 alitas de pollo fritas de distancia.

mercredi 8 janvier 2014

Meilleurs vœux pour 2014

He escrito un texto. Lo he borrado. He escrito otro. Lo mismo una y otra vez. He sacado a relucir mis primeras incursiones en ópera y en el ballet, ambos desde un punto de vista de ejecución dinámico y risueño, dentro de lo posible. Luego lo he borrado porque no puedo pretender que conozco ambos géneros y criticar sendas obras, no tengo la capacidad. Ni el interés, quizás. Sin embargo me gusta el teatro, me gusta mucho y no lo sabía. Como las sopas espesas, como los quesos, como las salsas, como tantas otras cosas de las que antes renegaba y por las que ahora suspiro.

Plan B, la obra que más me ha gustado hasta la fecha. 


He vuelto a eliminar lo escrito y he apretado luego las teclas Control y Z al mismo tiempo, y así estamos de nuevo aquí.  Otra vez. No quiero escribir ningún manifiesto acerca de la felicidad, solo tengo ganas de seguir pulsando teclas durante un rato, de ponerme a trabajar un  par de horas luego, de hacer algo de ejercicio más tarde y de rebanarme los sesos para saber qué voy a prepararme de cena esta noche.  Supongo que entre sucesos me tocará tragarme el atasco de entrada a París. Es gracioso, la primera vez que volví a nuestro recién estrenado apartamento a Paris desde el trabajo fue un viernes. Tardé tres horas. Sentí miedo. Sin transporte público que constituyese una alternativa, aquello me pareció una tortura. Ni siquiera reparé en la Tour Eiffel, vestida de azul con unos zapatos llenos de coches estancados.

Y pienso que aquello sólo fue una advertencia, que solo ha vuelto a suceder una vez. Pienso que no es la Tour Eiffel lo que me importa.  En realidad me importa una mierda. Una puta y republicana mierda. Lo que más me gusta de lo que tengo en París es mi vida y sus alrededores, que la estoy construyendo con casi más cuidado que la misma torrecita, y esto no es solo una cuestión geográfica.

2014 se presenta como el año que más ilusión me hace de toda mi vida, quizás de todos los que he vivido el que más ganas tengo de vivir. Y sé que los siguientes pueden ser muy parecidos.  Lo sé y sobre todo lo quiero. No quiero que se muevan las cosas, quiero seguir evolucionando en torno a todo esto.



En febrero estaré en Barcelona, por fin de vuelta. En 2013 por motivos económicos y laborales pude regresar pocas veces, pero en este 2014 se me antoja como una visita periódica obligada. Esta vez doblemente obligada, pues la justicia me reclama en calidad de agredido denunciante, y me pregunto si el tío denunciado ese que me dio una patada en la boca mientras yo ya estaba sangrando en el suelo estará allí. Aún alucino con todo aquello, sigo sin creérmelo. Un tipo me toma por otro y me zumba hasta en el DNI. Lo más curioso es que si no me hubiera dado la patada en el suelo solo habría tenido contusiones y sangrado en la nariz, pero no se puede denunciar sin tener un parte de lesiones que alegue que se han practicado puntos de sutura. Los que me dieron en la boca, joder, me dolieron más que la patada en sí. Aunque bueno, lo mismo eso ahora también me importa lo mismo, otra mierda.