He escrito un
texto. Lo he borrado. He escrito otro. Lo mismo una y otra vez. He sacado a
relucir mis primeras incursiones en ópera y en el ballet, ambos desde un punto
de vista de ejecución dinámico y risueño, dentro de lo posible. Luego lo he
borrado porque no puedo pretender que conozco ambos géneros y criticar sendas
obras, no tengo la capacidad. Ni el interés, quizás. Sin embargo me gusta el teatro,
me gusta mucho y no lo sabía. Como las sopas espesas, como los quesos, como las
salsas, como tantas otras cosas de las que antes renegaba y por las que ahora
suspiro.
He vuelto a eliminar
lo escrito y he apretado luego las teclas Control y Z al mismo tiempo, y así estamos
de nuevo aquí. Otra vez. No quiero
escribir ningún manifiesto acerca de la felicidad, solo tengo ganas de seguir
pulsando teclas durante un rato, de ponerme a trabajar un par de horas luego, de hacer algo de ejercicio
más tarde y de rebanarme los sesos para saber qué voy a prepararme de cena esta
noche. Supongo que entre sucesos me tocará
tragarme el atasco de entrada a París. Es gracioso, la primera vez que volví a
nuestro recién estrenado apartamento a Paris desde el trabajo fue un viernes.
Tardé tres horas. Sentí miedo. Sin transporte público que constituyese una
alternativa, aquello me pareció una tortura. Ni siquiera reparé en la Tour
Eiffel, vestida de azul con unos zapatos llenos de coches estancados.
Y pienso que
aquello sólo fue una advertencia, que solo ha vuelto a suceder una vez. Pienso
que no es la Tour Eiffel lo que me importa. En realidad me importa una mierda. Una puta y
republicana mierda. Lo que más me gusta de lo que tengo en París es mi vida y
sus alrededores, que la estoy construyendo con casi más cuidado que la misma
torrecita, y esto no es solo una cuestión geográfica.
2014 se presenta
como el año que más ilusión me hace de toda mi vida, quizás de todos los que he
vivido el que más ganas tengo de vivir. Y sé que los siguientes pueden ser muy
parecidos. Lo sé y sobre todo lo quiero.
No quiero que se muevan las cosas, quiero seguir evolucionando en torno a todo
esto.
En febrero estaré
en Barcelona, por fin de vuelta. En 2013 por motivos económicos y laborales
pude regresar pocas veces, pero en este 2014 se me antoja como una visita periódica
obligada. Esta vez doblemente obligada, pues la justicia me reclama en calidad
de agredido denunciante, y me pregunto si el tío denunciado ese que me dio una
patada en la boca mientras yo ya estaba sangrando en el suelo estará allí. Aún
alucino con todo aquello, sigo sin creérmelo. Un tipo me toma por otro y me
zumba hasta en el DNI. Lo más curioso es que si no me hubiera dado la patada en
el suelo solo habría tenido contusiones y sangrado en la nariz, pero no se
puede denunciar sin tener un parte de lesiones que alegue que se han practicado
puntos de sutura. Los que me dieron en la boca, joder, me dolieron más que la
patada en sí. Aunque bueno, lo mismo eso ahora también me importa lo mismo, otra mierda.

La historia del franchute Alí,es digan de su propio capítulo... puedo decir franchute o ya ofende jajjajaa? Dudo que aparezca.Me encanta leer tu felicidad!!!!!
RépondreSupprimer