1 alita de pollo frito
= 1 kilometro corriendo
Fue en 2010
cuando leí el libro Correr, de Jean Echenoz, que narra la vida del fondista
Emil Zatopek, atada, en todo el sentido de la palabra, al régimen comunista.
Por algún motivo aquel libro me gustó, me pareció una delicia en realidad,
tanto por la narración como por lo narrado. Y es extraño porque no es definible
como libro fácil de leer, no se apoya en el diálogo para aportar
fluidez y aporta numerosos hechos históricos. ¿Qué más da? Lo que realmente
importa y tiene relevancia en este sentido es que hoy he comido en el Kentucky
Fried Chiken.
Un alita de pollo
en el KFC tiene un contenido energético de 90 calorías. Para quemarla hay que
correr un kilometro. HOY ME HE COMIDO 9. Y con patatas.
No hay problema.
Porque 4 años después de leer acerca de las corredurías el bueno de Zatopek,
fondista que acabó de barrendero tras ser apartado y hasta que pidió perdón al régimen -yo también sigo uno ahora, que hoy me he saltado a la torera-, también me he puesto a correr como un descosido. De hecho, este mes de enero
he corrido el equivalente de 47 alitas de pollo fritas, y dado que sólo he
comido 9 en lo que llevamos de mes, eso explica los 2 kilos perdidos en 21 días.
Pero esta mañana he recibido un mail de runkeeper, una aplicación móvil que
sigue los entrenamientos en GPS que me instalé para hacer el panoplias y que he
terminado utilizando a diario. Y para terminar de motivarme, mi novia me ha
comprado un Polar para controlar las pulsaciones. Lo dicho pues, el mail recibido decía:
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Y eso, que hijo
de puta lo será su puta madre, pero gracias por la felicitación.
Corro por eso que
dicen de que hacer ejercicio aporta bienestar, y con eso me basta, a estas
alturas es todo lo que importa, es lo que persigo. Y es bien cierto, tengo
demasiadas cosas guays como para no cuidarlas. Corro porque me pirraron las
historias de Emil Zatopek y su zancada atípica, casi torpe, y ahí estamos igual.
Salgo a correr por el parque de Versalles, por los jardines de Montsouris y Luxembourg,
y a cada vez que los recorro me parecen más apacibles, sin necesariamente
serlo.
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| Yo, en abril de 2014 |
Es en 2014 cuanto
termino el libro “el misterio de la cripta embrujada”, de Eduardo Mendoza, en
el que un loco es soltado del manicomio para llevar a cabo una estupendísima investigación.
No sucederá con este libro en 2018 lo
mismo que con aquel de 2010, pero me da que este año va a tener un recorrido
paralelo, aunque a 1 000 alitas de pollo fritas de distancia.


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