Yo no soy un prototipo de inteligencia; estoy más cerca de actualizar cada hora las páginas de deportes que de impregnarme de la actualidad feroz a diario. Leo cómics, novela policíaca, humor y ciencia ficción, apenas ensayo o realismo. Jamás biografías o novela histórica. Pregúntame el nombre el mayor intelectual del momento: si no le da bien con la zurda no esperes una respuesta. Soy simple como un botijo.
Habiendo introducido debidamente este texto, quisiera comenzar diciendo que cualquier opinión en estos momentos dolorosos me parece válida siempre y cuando no atraviese la difuminada barrera del miedo, levantada violentamente el viernes y con la que nos hemos dado de bruces. Esto es así.
Pese a todo me parecen válidas dichas opiniones, tengan el número de caracteres que tengan; algunas me han propinado algún que otro golpe seco en el esternón al leerlas u oírlas, otras me han aterrado y unas pocas (muy pocas, poquísimas) me han tranquilizado. Yo soy más bien del género tontín, así que seguramente carezco del excelso grado de análisis del que muchos han hecho gala.
En esta línea, leía ayer a Pérez Reverte, un iluminado, respecto a una de las tragedias acaecidas el viernes, escribir poco más o menos –lo que quiso decir no era eso exactamente, pero siendo "escritor" debería saber utilizar mejor las palabras y , sobre todo, elegir el momento– que los asistentes hubieran podido evitar la masacre si se hubieran echado encima de los asaltantes. La teoría tiene su lógica. Dígaselo usted directamente a algún familiar de las víctimas, don Arturo, ya que al parecer tiene los cojones tan grandes de enfrentarse a un Kalashnivov. O, siendo menos dramático, que se lo explique a Julie, que la tengo aquí detrás sentada en el momento que escupo estas líneas, que fue al estadio con su hijo de 5 primaveras a mostrarle por primera vez lo que era un partido de fútbol y se tuvo que pasar el fin de semana temblando y explicándole que en el mundo también hay malotes.
Leo en muchas partes (lejos, en España sobre todo) que la gente que llora por París ahora debería sentir poco menos que vergüenza por no haberse acordado antes de Siria. Déjenme excusarme, pues al tener los acontecimientos a 5km hoy me acuerdo un poco menos de lo que pasa en otros lugares del planeta. Sin embargo, a todos estos -o a muchos- antes no les leí o escuché nada al respecto. Me parece cuanto menos peligroso que enviemos el mensaje de que para que nos acordemos de los miles de personas que son asesinadas en otros rincones del mundo necesitamos que mueran 130 cerca. A mí me lo parece, pero claro, yo soy más corto que la manga de un chaleco. Lo que me extraña es que al parecer debo ser el único y lo ocurrido ha duchado de saber y conocimiento a destajo, pues de lo contrario ahora me doy cuenta de que estado toda mi vida sutilmente rodeado de expertos en política internacional. Joder, pues todo esto nos lo podían haber dicho el jueves.
Soy barcelonés y vivo en París, tengo la suerte de poder disfrutar de dos de las dos ciudades más jodidamente bellas del mundo. Una me la acaban de manchar, pero yo, como soy más bien border line (no sé si ya lo he dicho, no sé escrollear ni me acuerdo de lo escrito hace 5 minutos), no voy a quedarme en casa, voy a salir a limpiarla. Sí, voy a hacerme popo durante algunos días cada vez que me cruce con algún tío con aspecto morenico y chungazo, que probablemente sea la persona más majica del universo, pero esto no es más que una de las lógicas, injustas y desgraciadas consecuencias de lo que se nos ha venido encima. Trataré de evitarlo por todos los medios.
Me voy a leer el AS, que todo esto me pone enfermo.



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